Por: Yenni Carpio
La mortalidad materno infantil en El Salvador exige prevenir riesgos durante el embarazo, el parto y las primeras etapas de vida mediante atención oportuna y coordinación entre servicios. Para clínicas, hospitales y otros prestadores, implica revisar la calidad de la atención, las rutas de referencia y el cumplimiento del marco sanitario aplicable, sin atribuir el problema a una sola causa.
La salud de la madre y del recién nacido depende tanto de la atención clínica como de las condiciones que permiten acceder a ella a tiempo. El embarazo adolescente, las dificultades económicas y las barreras de traslado pueden agravar riesgos ya presentes, mientras las complicaciones obstétricas y neonatales requieren respuestas especializadas. El tema también tiene una dimensión jurídica y de gestión: quienes prestan servicios de salud deben conocer el marco que orienta la atención, capacitar a sus equipos y revisar sus procesos según su actividad. Una lectura responsable de los datos evita confundir indicadores de periodos distintos.
¿Qué comprende la mortalidad materno infantil en El Salvador?
La mortalidad materna se refiere a fallecimientos asociados con el embarazo, el parto o el puerperio conforme a las definiciones epidemiológicas aplicables. La mortalidad perinatal incluye eventos alrededor del nacimiento; la neonatal corresponde a los primeros 28 días de vida; y la infantil comprende el primer año. Estas categorías están relacionadas, pero no son intercambiables. Una empresa de salud que compare resultados debe indicar el periodo, la población y el denominador de cada indicador.
La Organización Mundial de la Salud estimó unas 260,000 muertes maternas en el mundo durante 2023 y señaló que la mayoría podían prevenirse. Esa cifra describe un panorama global, no la situación específica de El Salvador. Para decisiones locales conviene acudir a los registros y lineamientos del Ministerio de Salud (MINSAL), identificar el año de cada dato y distinguir entre cifras observadas, estimaciones y metas. Medir ayuda a detectar dónde se pierde la continuidad de la atención.

¿Qué factores aumentan el riesgo durante el embarazo y el nacimiento?
Entre los factores de riesgo figuran el embarazo adolescente, la pobreza, las dificultades de traslado y los trastornos hipertensivos, incluidos la preeclampsia y la eclampsia. Ninguno de estos factores explica por sí solo todas las muertes maternas o neonatales. Su efecto depende de la condición clínica, la oportunidad de detección y la posibilidad real de recibir atención. Por ello, las rutas de control prenatal y respuesta a urgencias deben considerar tanto señales médicas como obstáculos de acceso.
El Fondo de Población de las Naciones Unidas informó que en 2024 se registraron 7,900 embarazos en niñas y adolescentes de 10 a 19 años en El Salvador, con base en datos administrativos del MINSAL. El dato muestra una necesidad persistente de prevención y atención, aunque no permite inferir cuántas muertes ocasionó. Las cifras de pobreza o complicaciones atribuidas a estudios concretos requieren población, metodología y año comparables antes de presentarse como tasas nacionales actuales.
En el periodo neonatal, el nacimiento prematuro, las complicaciones durante el parto, las infecciones y las anomalías congénitas requieren capacidades distintas. El plan estratégico nacional de salud materna, perinatal y de la niñez 2025-2030 del MINSAL identifica varias de estas causas. Para los prestadores, la prioridad práctica es reconocer riesgos, disponer de una ruta de atención y referencia y comprobar que el seguimiento no se interrumpa entre niveles asistenciales.

¿Qué marco jurídico y sanitario deben revisar los prestadores?
La Ley Nacer con Cariño establece un marco para proteger los derechos de la mujer durante el embarazo, parto y puerperio, así como los del recién nacido, dentro del Sistema Nacional Integrado de Salud. Su aplicación debe examinarse junto con el reglamento y los instrumentos técnicos correspondientes, según el establecimiento y sus servicios. No basta con citar la ley: gerencias médicas y legales necesitan traducir los estándares pertinentes en procesos verificables.
El MINSAL publicó lineamientos de 2024 sobre vigilancia y respuesta frente a morbilidad grave y mortalidad materna, fetal, neonatal e infantil. Para cada prestador resulta importante revisar si le corresponden deberes de registro, notificación, análisis de casos o coordinación con la red de servicios. Las obligaciones específicas y los canales aplicables deben confirmarse en el texto vigente y en las indicaciones de la autoridad. Este artículo ofrece criterios generales y no sustituye esa revisión institucional.
Implicaciones para clínicas, hospitales y equipos directivos
La mortalidad materno infantil también es un asunto de calidad asistencial y continuidad operativa. Los equipos directivos pueden necesitar revisar disponibilidad de personal, formación para urgencias obstétricas y neonatales, acceso a insumos y comunicación entre unidades. La gerencia legal puede verificar que protocolos, consentimiento, expedientes y manejo de información clínica se ajusten a las reglas aplicables. Un expediente completo facilita la continuidad del cuidado y el análisis de incidentes.
Las instituciones deben considerar si una paciente puede llegar oportunamente a un nivel de mayor capacidad resolutiva. Las demoras en reconocimiento, traslado o recepción pueden afectar el resultado clínico; su evaluación exige examinar cada caso, sin presumir responsabilidad a partir de una estadística. Para prestadores privados y públicos, coordinar referencias y registrar decisiones ayuda a identificar fallas del proceso y oportunidades de mejora.
¿Qué medidas preventivas pueden adoptar las organizaciones de salud?
Como criterio general, conviene mapear el recorrido de la paciente desde el control prenatal hasta el posparto, definir señales de alerta y responsables de escalamiento, y comprobar la capacidad de respuesta del establecimiento. La capacitación debe incluir comunicación respetuosa, detección de complicaciones y transferencia segura de información. En la atención neonatal, es útil revisar la preparación para prematuridad, reanimación cuando corresponda, prevención de infecciones y seguimiento posterior al alta, de acuerdo con las guías clínicas aplicables.
La revisión de casos y de indicadores debería separar periodos y categorías, proteger los datos personales y desembocar en acciones medibles. También es recomendable probar periódicamente la coordinación con centros de referencia y actualizar protocolos cuando cambien las directrices oficiales. Estas medidas ayudan a reducir fallas evitables, sin garantizar un resultado individual.
Reducir la mortalidad materno infantil en El Salvador requiere unir prevención, atención clínica de calidad y gestión responsable de los servicios. Para quienes dirigen clínicas y hospitales, el valor de la información está en convertirla en decisiones sobre personal, referencia, seguimiento y documentación. El marco jurídico aporta criterios de protección que deben leerse junto con los lineamientos técnicos y las circunstancias de cada institución. Una revisión preventiva permite detectar brechas antes de una emergencia y evaluar con mayor claridad los riesgos cuando ocurre un evento adverso. La prioridad es mantener continuidad de atención centrada en la madre y el recién nacido.
Si su institución necesita revisar el marco sanitario y los procesos de atención materna y neonatal en El Salvador, Latin Alliance puede acompañarle en el análisis de obligaciones, protocolos y riesgos específicos.
Preguntas frecuentes:
¿Qué diferencia hay entre mortalidad neonatal e infantil?
La mortalidad neonatal comprende los fallecimientos durante los primeros 28 días de vida; la infantil abarca los ocurridos antes del primer año. Para comparar indicadores es indispensable verificar el periodo estudiado, la fuente y el denominador. Una cifra neonatal no debe presentarse como si describiera toda la mortalidad infantil.
¿La Ley Nacer con Cariño establece las mismas obligaciones para todos los centros de salud?
Su alcance práctico debe revisarse según el tipo de establecimiento, los servicios prestados y las disposiciones reglamentarias y técnicas aplicables. La institución debería identificar qué estándares de atención, documentación y coordinación le corresponden, y contrastarlos con sus protocolos internos antes de afirmar que cumple íntegramente el marco sanitario.
¿Qué debe revisar una clínica tras un evento materno o neonatal grave?
Conviene preservar el expediente y examinar la secuencia clínica, las decisiones documentadas, los tiempos de respuesta y las referencias realizadas. También debe verificarse si corresponde una notificación o análisis bajo los lineamientos vigentes. La evaluación debe proteger la información personal y evitar conclusiones de responsabilidad sin revisar las circunstancias concretas.